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Entrevista a Urbanisme BCN Social

Cubiertas vegetales en la azotea del edificio Mercè Rodoreda de la Pompeu

18 Julio 2016 por Andreu Ausàs-i-Call (@aausas), Daniel Ortín Polo (@DanielOrtin) y Javi Rodríguez (@javiour94)

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La Universitat Pompeu Fabra, junto con otras universidades, ha firmado un convenio con la empresa EixVerd para crear un espacio verde experimental en la cubierta del edificio Mercè Rodoreda del campus de la Ciutadella. Hablamos con Martí Boleda, técnico de Medio Ambiente y Seguridad de la UPF, y Lídia Calvo, fundadora de EixVerd, sobre el proyecto y la conveniencia de establecer cubiertas vegetales en la ciudad. ¿Cómo surge este proyecto?

Martí Boleda (UPF): Nos encontramos a través de la red Barcelona + Sostenible del Ayuntamiento. La universidad tenía la voluntad de ampliar el verde urbano, estaba interesada en jardinería vertical, en tomar fachadas y reconvertirlas en espacio vegetal, y EixVerd tenía más interés en las cubiertas. Hicieron una llamada en esta red buscando cubiertas, me puse en contacto y fueron surgiendo estos proyectos. De hecho, los tres —la jardinería vertical, la cubierta del Mercè Rodoreda y la del Depósito— se están moviendo. El que ha avanzado más rápido es el de la cubierta, pero los otros también progresan.

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Boleda (UPF) y Calvo (EixVerd), en un momento de la entrevista en el edificio Mercè Rodoreda. Foto: Javi Rodríguez

¿En qué momento se encuentran estos proyectos?

Martí Boleda: Aquí lo hacemos en colaboración con la Universitat Politècnica de Catalunya y con EixVerd. La Pompeu hizo una propuesta a la escuela de aparejadores de la UPC sobre las fachadas susceptibles de ser reconvertidas. Y un grupo de estudiantes de la UPC, como trabajo de fin de grado, realiza un trabajo, primero de análisis, para acabar teniendo una propuesta concreta tipo proyecto ejecutivo (“mira, aquí podríamos hacer esto, aquí aquello, y costaría X”).

Aún no está claro dónde se haría, por tanto.

Martí Boleda: Bueno, hay dos propuestas hechas muy a grandes rasgos, que engloban todos los campus de la Universitat Pompeu Fabra. Había 9 fachadas, si no recuerdo mal, y un par de interiores, pero los interiores los tenemos en segundo plano. Estas son las propuestas iniciales y, a partir de aquí, los estudiantes lo están trabajando con la profesora Montse Bosch de la UPC y con EixVerd. De momento trabajan conjuntamente para ver los beneficios, las posibilidades y qué se está haciendo ahora mismo en Barcelona y en el resto del mundo en fachada vertical. Y aún no tenemos ninguna propuesta concreta de fachada para renaturalizar.

Es un trabajo, supongo, pluridisciplinar.

Martí Boleda: Como dices, es un trabajo interdisciplinario porque tratan tanto la cuestión constructiva de los edificios como el conocimiento de qué plantas se pueden poner. Cada planta tiene sus necesidades. Por eso colaboran con diferentes agentes especialistas en cada campo.

Lídia Calvo (EixVerd): El tema de la pluridisciplinariedad es bastante obvio porque tenemos un jardinero para plantas ornamentales que mira qué plantas tienen sombra y cuáles no; un agrónomo para plantas productivas; y también un paisajista, que debe ver el contexto de la fachada. Luego está el punto de vista del aparejador o de la ingeniería, el refuerzo estructural de la fachada, si aguanta o no aguanta.

¿EixVerd es una empresa?

Lídia Calvo: EixVerd es una empresa social que, de momento, solo cuenta conmigo. Soy yo la empresa. Pero trabajo con una red de colaboradores que creen en el proyecto, y cada vez que hay un potencial cliente, en función de lo que se necesite, me ayuda un arquitecto, un paisajista, un jardinero o un agrónomo.

¿Y en cuanto a la financiación?

Lídia Calvo: Es una start-up y estamos en fase previa, en fase de iniciación, y de momento es autofinanciable.

¿Este proyecto, por ejemplo?

Lídia Calvo: Este proyecto lo he financiado con recursos de EixVerd, aunque lo que hay dentro de las jardineras de los fabricantes lo han puesto los fabricantes. Es una apuesta que hice para dar a conocer estas soluciones, compararlas, aprender, obtener investigación… es un espacio multipropósito. La idea es darlo a conocer a más personas, para que se acostumbren a que estas soluciones sostenibles en cubierta o fachada no son del siglo XXII. Son del siglo XX y estamos un poco atrasados en este tema. Hace tiempo que existen, pero por una barrera mental no se están impulsando.

¿Es quizá el fracaso del Plan Cerdà?

Lídia Calvo: No soy experta en urbanismo, pero no se ha conseguido por la especulación del terreno. El Plan Cerdà contemplaba que las islas formaran solo una “L”, un concepto de supermanzana: 4 islas eran una supermanzana, y la zona interior era un parque. Claro, esto por la especulación se sobrepasó durante el boom inmobiliario. Ahora debemos encontrar maneras de renaturalizar Barcelona con las reglas de juego actuales: las islas ya están consolidadas, así que ¿cómo podemos poner verde aquí? O en cubiertas de edificios o en cubiertas que den al patio de manzana.

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Fuente: http://casadelespunxes.blogspot.com.es/p/el-modernisme.html

¿A partir de qué punto son palpables los beneficios en la salud y el entorno?

Martí Boleda: Renaturalizar las fachadas es útil indudablemente. Cuantos más metros hagas, mejor. Un ciudadano lo notará en su día a día según su sensibilidad, pero seguramente podrá ver más pájaros, más abejas, más flores y más fauna y flora. Seguro que se harán estudios y la mejora en contaminación, calor y biodiversidad se acabará notando.

Lídia Calvo: Como ejemplos reales, Stuttgart y Basilea hace 20 años que empezaron a promover las cubiertas verdes y ahora tienen un 25% de las cubiertas potencialmente verdes ya convertidas. Un 25% aquí serían 450 hectáreas.

Martí Boleda: Un estudio del Ayuntamiento ha valorado que hay 1.700 hectáreas en Barcelona de cubiertas susceptibles de ser renaturalizadas o de tener un uso más sostenible.

Lídia Calvo: Sí, y un 25% de estas serían las 450 hectáreas. Si el Parc de la Ciutadella ya es un pulmón y se sumaran estas cubiertas —equivalentes a unos 25 parques de la Ciutadella— Barcelona tendría mucho menos calor y la contaminación se absorbería más. Evidentemente, dependería del tipo de plantas y de la proporción. Ahora bien, la persona que tiene una cubierta verde encima nota los beneficios de inmediato, porque es un aislante térmico espectacular. Y en verano la factura de la luz y el CO2 que no se usa para el aire acondicionado… caen en picado.

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Parque de la Ciutadella. Foto: Javi Rodríguez

¿Y qué requisitos debe cumplir una cubierta para poder acoger vegetación?

Lídia Calvo: No se puede hacer en todas partes. En principio debe ser una cubierta plana, abierta a dos vertientes, y el edificio debe tener una carga disponible superior a 100 kg por metro cuadrado. También hay que ver la incidencia solar, porque muchas cubiertas están tapadas por otro edificio y si no hay suficiente sol, no se puede instalar una cubierta verde.

¿Cómo colabora la Pompeu en este proyecto, siendo una universidad más bien de letras?

Martí Boleda: El papel, de momento, es de gestión. Hay interés en que esto pueda ser estudiado por algunos grados de la universidad. Por ejemplo, en el Depósito de las Aguas se quiere hacer un sistema de gestión socialmente responsable pero económicamente sostenible. Esto es un proyecto de economía directa. También hay un proyecto histórico que desde el ámbito humanístico se podría estudiar: se quiere recuperar la historia del Depósito de las Aguas y hacerla accesible a la ciudadanía. Se quieren hacer aulas formativas, visitas, una exposición. En el ámbito ambiental, está el CREAL, centro adscrito a la Pompeu especializado en temáticas ambientales. En investigación, la Pompeu tiene campo. Por ahora, este interés no ha surgido desde la docencia sino desde la gestión, pero es un proyecto abierto.

Lídia Calvo: Yo añadiría que hacerlo en un contexto como el de la UPF le da un alcance mediático mayor que si estuviera en la cubierta de un particular. Aunque de momento no se haga investigación, da visibilidad a estas soluciones.

Martí Boleda: De hecho, hace tiempo que en la Pompeu se habla de involucrarse más en temas medioambientales, porque al fin y al cabo son temas estrictamente sociales.

Lídia Calvo: Si se llega a hacer el proyecto de la cubierta del Depósito de las Aguas —detrás del cual hay mucho trabajo de la UPF— sería un referente para que otros edificios de estas dimensiones pudieran replicarlo. Y tener una cubierta agrícola económicamente viable es algo atractivo, porque no dependes siempre de ayudas del Ayuntamiento. La Pompeu ha tirado adelante, a ver qué barreras encuentra y cómo se pueden abrir. Son pioneros en este aspecto.

¿Es un paso más de un proyecto que tiene por objetivo conectar el parque de la Ciutadella, el paseo de Sant Joan y Collserola?

Martí Boleda: Sí, hacer un corredor verde. Nosotros estamos dentro de este corredor. Estamos pegados al parque de la Ciutadella, sí, pero la superficie vegetal nunca sobra. Serían unos 3.000 metros cuadrados más que se añadirían a este corredor verde, que queda cortado en el paseo de Sant Joan y Gràcia y no llega a la montaña. Sería más interesante si el Depósito estuviera allí, seguramente, pero es que el Depósito está aquí.

¿Y por qué es importante el corredor?

Martí Boleda: Para conectar los ecosistemas, para romper las muchas barreras que a veces pasamos por alto. Las especies de Collserola podrían llegar a la Ciutadella a través de este corredor, cosa que ahora no pueden hacer porque se encuentran toda la zona de Gràcia que no pueden atravesar. Un pájaro sí que pasará volando, pero una lagartija nunca llegará aquí abajo.

A pesar de que en Glòries ahora existe el proyecto de la Canòpia Urbana, que consiste en ajardinar la plaza y crear un bosque, ha habido una tendencia en los últimos años a hacer plazas duras. ¿Por qué? ¿Salía más a cuenta económicamente?

Martí Boleda: Sería bueno saberlo con estudios, pero personalmente creo que fue una falsa creencia de un tiempo. No me da la sensación de que tener espacios verdes sea tan más caro que tener una plaza dura. De construcción, en principio, es más económico. El problema es el mantenimiento: un árbol hay que regarlo, podarlo, cambiarlo si muere. En cambio, una plaza dura la haces una vez y te olvidas durante 50 años. Habría que hacer estudios comparativos de costes y beneficios. Me inclino a pensar que la bola que se creó era exagerada.

Lídia Calvo: Sobre todo si cuentas las enfermedades u otros efectos secundarios.

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Cubierta vegetal en la azotea del Mercè Rodoreda del campus de Ciutadella. Foto: Javi Rodríguez

¿Habéis hablado con comunidades que tengan cubiertas verdes? ¿Cuál es su experiencia?

Lídia Calvo: Hemos hablado con comunidades de vecinos aunque ninguna tenía cubierta verde. Hace dos años que el Ayuntamiento de Barcelona tiene una subvención del 50% para instalar una cubierta verde y, que yo sepa, nadie la ha solicitado. Ahora estoy hablando con dos comunidades más que ya están más encaminadas a hacer la instalación.

Las preocupaciones de las comunidades son si las raíces entrarán en casa: no, no entran. También si habrá goteras: otro mito, porque cuanto más protegida está la cubierta, más protege la tuya, que no está sometida a contracciones y dilataciones. El otro problema es el precio: bueno, pero el 50% lo paga el Ayuntamiento. No es más caro que impermeabilizar el edificio de manera estándar, porque si lo tienes que hacer —cada 15 o 20 años toca— hacerlo de manera estándar cuesta igual o más que un terrado verde con subvención. Otro problema es que estamos acostumbrados a no mezclarnos con los vecinos. Además, para darte la subvención el Ayuntamiento solicita, por ejemplo, el Informe Técnico del Edificio (ITE), que determina los problemas del edificio, y mucha gente no quiere hacerlo. Un informe que también subvencionan al 50%, pero de entrada no lo hacen. Si yo fuera el Ayuntamiento, quitaría el requisito de hacer la ITE.

Aun así, también tienen motivos para pedirlo: si a un edificio se le cae la fachada o los balcones, no le darán el 50% para hacer un terrado. Y si sobran fondos, sí que subvencionarán la cubierta verde. Estoy decidida a encontrar una solución para eliminar todas estas barreras que frenan a las comunidades.

Por otro lado, hay proyectos en Barcelona de huertos autogestionados por vecinos. ¿Cómo se integra esto en vuestro proyecto?

Lídia Calvo: Creo que son cosas distintas, que van a mercados diferentes y solucionan problemas diferentes. Los huertos comunitarios son un recurso muy importante para reaprovechar espacios vacíos y dar a la ciudadanía un espacio de cultivo y disfrute. Son autogestionables, así que lo que salga de allí depende del tiempo que la gente quiera invertir. Esto siempre necesita ayudas públicas. En cambio, hacer cosas en cubiertas privadas o comerciales que sean económicamente sostenibles ya no es autogestión.

Parlem d’un projecte que en funció de la gestió que es porti podria ser econòmicament sostenible i no necessitar diners de l’Ajuntament. Però clar, perquè això sigui veritat hi ha d’haver una entitat que coordini què es planta allà, quines tècniques s’utilitzaran, com es ven i a qui es ven, què es fa… Aquesta és una mica la proposta que EixVerd fa. A mi m’agradaria tenir més cobertes agrícoles o de lavanda que es puguin gestionar des d’EixVerd amb una temàtica d’introducció social i que siguin econòmicament sostenibles i, per tant, puguin introduir més persones encara en el futur, amb risc d’exclusió social.

Yo he trabajado muchos años en el sector de la cooperación internacional y creo que cuando detrás hay una lógica de mercado tiene más éxito que cuando hay una lógica que siempre pide dinero al Ayuntamiento para salir adelante. Esta es mi visión particular.

¿El futuro de la ciudad pasa por reruralizarse?

Martí Boleda: Yo creo que el futuro de la ciudad pasa por ser lo más sostenible medioambientalmente posible. Una ciudad es un sistema ultracomplejo, te diría yo. Renaturalizarse no me ofrece ninguna duda. Personalmente, quiero que el verde nos colonice un poco a nosotros, en lugar de que sea al revés. Si por reruralizar entendemos fomentar lo que se llama agricultura urbana, lo veo bien. No creo que Barcelona llegue a ser nunca una meca de la agricultura, digamos, pero creo que puede haber proyectos, como los huertos comunitarios que comentas, que veo perfectamente viables e interesantes: en un solar vacío, unos vecinos se ponen de acuerdo con el Ayuntamiento y allí hacen una explotación para uso personal, digamos.

Existe la opción del Depósito de las Aguas, que se puede ampliar a otros lugares, donde se puede hacer una explotación de tipo comercial, en el sentido de que se plantea un producto no para autoconsumo sino para distribución externa. Una cosa es tener tu solar de 100 m2 donde plantas tus patatas y otra es tener una superficie de 3.000 m2. Pero todo son opciones. No cuento con que Barcelona vuelva a tener caminos de carro, no creo que sea viable. Pero quizá unos senderos con césped y árboles, pues quizá sí.

Lídia Calvo: Yo añadiría la palabra “resiliencia”. Más que reruralizar, o las ciudades aumentan su resiliencia o no hay salida al cambio climático. Tenemos que hacer ciudades que puedan generar internamente alimentos. No sustituirá nunca lo que viene del parque agrario del Llobregat ni lo que viene de Lleida, pero si hay más comida en Barcelona, ya somos más resilientes en caso de que haya algún problema con las autopistas o lo que sea.

El tema de la reutilización de las aguas pluviales es otro. Esto ayudaría cuando hay escasez de lluvia y agua, pero también cuando llueve mucho: con sistemas como las cubiertas verdes la ciudad se adapta a este cambio. También con el cambio climático hará más calor y ¿qué puede hacer la ciudad para no consumir tanto aire acondicionado? Cubiertas verdes. Menos calor, más agua y comida son para mí cosas muy importantes que las ciudades deberían empezar a buscar. La ciudad puede ser más resiliente.

Martí Boleda: Y el tema de la generación de energía también es muy importante, las centrales las tenemos todas lejos. Y el tema del autoconsumo, que ahora está muy limitado por ese desgraciado decreto que nos pusieron. Pero es otro tema. De hecho, cuando se habla de aprovechar las cubiertas, además de renaturalizarlas, está la opción de poner placas fotovoltaicas o centrales eólicas u otro tipo de energía que nos permita autoabastecernos, al menos parcialmente. No creo que Barcelona sea capaz de generar el 100% de la energía que necesita, pienso, puedo estar equivocado, pero si generamos un 10, un 20 o un 30% de energía, todo eso será un transporte menor, que es carísimo y tiene unas pérdidas brutales que ya no existirán.